miércoles, 24 de noviembre de 2010

Hace muchos años, los habitantes de un país no muy lejano, disponían de múltiples riquezas gracias a su producción agrícola y tenían un altísimo nivel de vida. Eran tan ricos que creían que no necesitaban a ningún otro país para subsistir, por lo que no dejaban entrar a ningún ciudadano extranjero y si tenía que entrar por algún motivo era discriminado por todos los ciudadanos. Aunque en esos tiempos los países cercanos estaban pasando mucha hambre ya que tenían una gran pobreza, a los ciudadanos del país rico les daba igual y no les ayudaban en nada. Pero un día una gran tormenta asedió el país y destrozó absolutamente todas las cosechas y todas las reservas de este país, por lo que los habitantes se quedaron sin nada, en la más absoluta pobreza. Los países del alrededor, para asombro de los habitantes del país avaricioso, lo primero que hicieron nada más enterarse fue ayudarles y darles lo poco que tenían, y con ello evitaron que los habitantes del país destrozado cayeran en la ruina. Estos aprendieron la lección y tan pronto como recuperaron su riqueza la compartieron y dejaron pasar a todos los habitantes de los demás países tratándolos como si fuesen del suyo propio.

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